jueves, 3 de diciembre de 2015

Ideas para tus menús de estas navidades

Un año más, se acercan las fiestas navideñas, y con ellas, dos de las grandes preocupaciones de estas fechas: qué regalos hago, y qué comidas preparo.

Desde Delicias Ibéricas queremos echarte una mano esta Navidad con estos dos problemillas. Para el tema de los regalos, te sugerimos estos Packs de Regalo, con diferentes ofertas de productos gourmet y de magníficos vinos cuidadosamente empaquetados, con precios variados desde tan sólo 9,90€. Pero hoy vamos a dedicar esta entrada del blog a la segunda pregunta: qué comidas preparo.

Para ayudarte en esta elección y poder preparar platos sencillos y rápidos que al mismo tiempo resulten originales, diferentes, quizás hasta sofisticados, y por supuesto riquísimos, te vamos a dejar aquí unas cuantas sugerencias, agrupadas en secciones según el tipo de plato. ¡Esperamos que te sirvan de ayuda e inspiración!


IDEAS PARA ENTRANTES:

Habitualmente los banquetes navideños se caracterizan por comenzar con un buen número de entrantes o platos “de picoteo” distribuidos por toda la mesa. Lo malo es que muchas veces no sabemos muy bien con qué rellenar esos platos, o nos parece que siempre ponemos lo mismo. Pues bien, aquí van algunas ideas:
  • Aceitunas rellenas de gelée de vermut. Sencillas y a la vez sofisticadas, algo así como “la deconstrucción del vermut”. Tan fáciles de preparar como coger unas aceitunas sin hueso y el tarro de gelée y meter éste en aquellas con un poquito de paciencia. El resultado merece la pena.

  • Queso brie semifundido con mermelada picante de pimientos verdes. Una combinación de sabores y texturas que no se puede describir, sencillamente sublime, hay que probarlo. Podéis prepararlo en pequeños canapés, o en esta otra versión más cómoda para una comida con varios invitados: calentad en el microondas un queso camembert entero, de forma que quede fluido por dentro pero manteniendo su forma por fuera, y cubridlo con una capa de esta deliciosa crema de pimientos con su toque dulce y picante. Luego, los comensales no tienen más que ir tomando trozos del queso con un cuchillo y colocándolo sobre un trozo de pan. ¡Te pedirán más!

  • Fuet de pato. Colocar un plato con jamón o embutidos como parte de los entrantes es un clásico que a todo el mundo gusta (siempre que sean de calidad, por supuesto), pero si incluís este fuet de pato artesano y natural, vuestros invitados quedarán sorprendidos por la novedad y por su exquisito sabor. Un toque moderno, exclusivo y sabroso para algo tan tradicional como los embutidos.




IDEAS PARA PLATOS PRINCIPALES:

Los platos principales de los banquetes navideños suelen moverse entre las carnes y los pescados, ya sean ambos asados o a la plancha (o quizás, en algún caso, guisados). Pues bien, aquí os dejamos unas cuantas sugerencias para darles un toque diferente a estos platos aunque el ingrediente de fondo siga siendo más o menos el mismo:
  • Pescado asado o a la plancha con chutney de higos y mango. Sin más que poner como guarnición en vuestros platos de pescado un poco de este exquisito chutney, el resultado será un plato radicalmente distinto. La suavidad y aroma de esta delicada salsa de frutas combina extraordinariamente bien con los pescados, aportándoles un toque de sabor exquisito y diferente. Tus invitados quedarán sorprendidos y tu esfuerzo habrá sido nulo… ¡pero no se lo digas! :-) ¿Cómo, que todavía no sabes lo que son los chutneys? En ese caso, te recomendamos esta antigua entrada de nuestro blog.

  • Solomillo con paté de boletus. Aunque en este ejemplo lo habíamos preparado con solomillo de cerdo, para una comida navideña os lo recomendamos con un buen solomillo de ternera o de buey, que luego cubriréis con una capa de este delicioso paté de boletus. O también podéis colocar un montoncito de paté en cada plato, junto al solomillo, para que cada comensal se lo administre a su gusto. Es una idea perfectamente válida también para acompañar ciertos asados, como un redondo de ternera. El sabor de los boletus combina maravillosamente con las carnes, y en el caso de los cortes más secos le aportará también el toque de jugosidad que necesitan.

  • Carne asada con chutney de tomate, manzana y pasas. Una guarnición muy vistosa, colorida y original cuyo sabor combina muy bien con las carnes asadas. Excelente para acompañar cualquier asado del tipo rosbif. Un toque diferente y vistoso para vuestros asados más tradicionales.

  • Guisos y asados de carne con castañas en almíbar. Sí, lo de las castañas en almíbar suena casi a postre, pero añadidas a un guiso o asado de carne, le van estupendamente, sirviendo tanto como guarnición como de ingrediente adicional que aporta sabor a las carnes. Si la carne es de caza, la combinación ya es insuperable. Podéis completar la guarnición de castañas con unas ciruelas pasas y algo de cebolla. En este blog tenéis un buen ejemplo de receta de carne asada con castañas.

  • Asados con higos agridulces a la naranja. Se trata de una combinación ideal para aquellos asados de carne que incluyan naranja o cítricos en su preparación. Por ejemplo, pato a la naranja, pollo al limón, cerdo asado con zumo de naranja… Cualquier receta de asados que incluya naranja o limón en su preparación (algo bastante habitual en asados) combinará estupendamente con esta original guarnición de higos agridulces a la naranja. Que, además, están deliciosos…

  • Acompañar las carnes a la plancha o asadas con patatas panaderas o a lo pobre está muy bien, pero si ya te parece algo repetitivo, te sugerimos que utilices pasta como acompañamiento. Nos referimos simplemente a cocer algo de pasta (espaguetis, tallarines o cintas son los más adecuados) y colocar un montoncito como guarnición de la carne, igual que lo haríamos con las patatas. Al contrario de lo que estamos habituados en España, donde solemos añadir montones de ingredientes a los platos de pasta, en estos usos como guarnición es conveniente que la pasta sea la protagonista, con muy pocos añadidos. Podemos aromatizarla con un aceite al ajo, con unas cuantas hierbas aromáticas, o con un poco de salsa de queso; pero si queréis sorprender de verdad con un sabor exquisito, diferente y que combinará estupendamente tanto con la pasta como con la carne, probad a añadirle a la pasta un poco de este magnífico chutney de tomate a la hierbabuena. Sin palabras…



IDEAS PARA POSTRES:

Y llegamos a los postres. Para este tipo de banquetes navideños conviene pensar en algún postre que podamos haber preparado con bastante antelación, para un buen número de comensales, sin que nos dé demasiado trabajo. Y, a ser posible, que sea algo más original que abrir unas latas de melocotón y piña en almíbar… Esperamos que estas sugerencias os puedan ayudar:
  • Crêpes rellenas de crema de bombón de higo. Suena espectacular, ¿verdad? Pues su sabor es aún mejor. Y, encima, parece un postre elegante y elaborado, pero en realidad es sencillísimo y rapidísimo de preparar. Podéis usar la receta que dábamos en esta entrada del blog para preparar las crêpes con antelación y simplemente pasarlas brevemente por el microondas antes de rellenarlas con la crema de bombón de higo y servirlas. Pero también podéis emplear crêpes congeladas (¡dan el pego muy bien!), que simplemente tendréis que calentar en el microondas y rellenar con la crema después. El resultado es una verdadera exquisitez.

  • Helado de manzana asada al ron con higos en almíbar. Aunque en España relegamos los helados casi exclusivamente a la temporada de verano, terminar una comilona navideña con un buen helado es algo que se agradece, pues parece que ayuda a “desempachar” un poco. El helado que os proponíamos aquí sale sencillamente exquisito, pero si no queréis complicaros la vida preparando un helado casero (aunque lo bueno es que podéis hacerlo con días de antelación), siempre podéis comprar un buen helado ya preparado y acompañarlo con estos exquisitos higos en almíbar, que le darán un toque personal y sofisticado a un postre sencillo pero rico a la vez.

  • ¿Y por qué no terminar con un buen bizcocho casero? Es algo que podéis preparar con días de antelación y con un buen tamaño, de forma que sin más que darle unos cuantos cortes en el último momento podéis satisfacer a un buen número de invitados fácilmente. ¿Cómo, que suena demasiado simplón? No, si lo acompañáis con el toque sofisticado y exquisito de unos higos agridulces a la naranja, aunque unas castañas en almíbar también le irían bien. Si además usáis esta receta de bizcocho de manzanas asadas al ron, no sólo nadie podrá acusaros de simpleza, sino que dejaréis a vuestros invitados asombrados de hasta qué nivel puede elevarse un simple bizcocho. O no tan simple…


Esperamos que estas sugerencias os sirvan de inspiración para vuestras próximas comidas y cenas navideñas. Porque éste es un momento ideal para salirse un poco de lo habitual…

¡Ah, y no os olvidéis de acompañar con buenos vinos y buen cava!

jueves, 26 de noviembre de 2015

27N: BLACK FRIDAY EN DELICIAS IBÉRICAS

DESCUENTOS EN TODO NUESTRO CATÁLOGO

Desde las 24:00 horas del jueves 26 hasta las 24:00 del viernes 27, todas tus compras en Delicias Ibéricas tienen descuento.

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¡Aprovecha para reponer tu despensa y tu bodega de cara a estas navidades!


Algunas sugerencias para aprovechar nuestro Black Friday:


Nuestra selección de vinos:

Elige entre nuestra amplia selección de vinos nacionales e internacionales.

En Selección DI te presentamos nuestra selección personal de vinos elegidos en base a su excepcional relación calidad-precio. Venta por botellas.
En Vinos por cajas encontrarás una colección de magníficos vinos en cajas de 3 ó 6 botellas con un importante descuento.
Y en Los combinables hallarás una amplia selección de vinos nacionales e internacionales de gran calidad, los cuales podrás combinar a tu antojo hasta llenar una caja de 12 botellas con un precio excepcional.


Embutidos artesanos de calidad:

Dale un capricho a tu paladar estas navidades: fuet de pato, secallona, xolís de ciervo... Cualquiera de nuestros exclusivos embutidos elaborados de forma artesana y natural en los Pirineos, te deslumbrará por su calidad y sabor.

Ideales como sofisticados entrantes en tus banquetes navideños, o simplemente para darte un capricho en cualquier cena informal acompañados de un buen vino.

 
Patés, cremas, mermeladas, frutas en almíbar, gelées...

Los mejores acompañamientos para tus comidas y cenas especiales.

Exquisitos patés de boletus y berenjena como entrantes o acompañamiento de tus platos.
Deliciosas mermeladas artesanas para tus desayunos o como sofisticado acompañamiento de quesos, patés y carnes.
Exóticos chutneys que darán un punto de singularidad y sabor a vuestros platos y sandwiches.
Cremas dulces y deliciosas frutas ecológicas en almíbar para unos postres diferentes y llenos de sabor...
Sofisticados gelées...


Y, si quieres ideas para utilizar nuestros productos, recuerda que muchas puedes encontrarlas aquí, en nuestro blog.

martes, 24 de noviembre de 2015

Cómo sostener la copa de vino

Todavía existe confusión entre buena parte de la población sobre la forma correcta de sujetar una copa de vino (y aquí englobamos, cómo no, al cava o champagne, que también es vino, como bien sabemos). A ello contribuyen ciertos mensajes contradictorios que nos vienen de diferentes fuentes, como puede ser lo que a menudo observamos en las series y películas norteamericanas (donde, por cierto, el vino está cada vez más presente).

Pues bien, pese a lo que veamos en el cine o televisión, y pese a lo que quizás hayamos oído decir a nuestros mayores, la copa debe cogerse por el tallo, nunca por el cuenco o cáliz, es decir, la zona destinada a contener el vino. Sí, ya sabemos que los norteamericanos no lo hacen así, y hasta puede que hayamos oído que cogerla por el tallo “es de paletos” o “de finolis”, algo así como estirar el meñique al coger la taza de café… Pero no: el tallo es el sitio correcto para coger la copa de vino, y tiene un porqué (o varios).
La copa se coge así, por el tallo

Razones para coger la copa por el tallo

Existen dos razones principales para coger la copa por el tallo en lugar de por el cuenco, aunque no son las únicas.

La primera, es mantener la temperatura del vino: cogiendo la copa por el tallo, evitamos transmitir el calor de nuestras manos al líquido de su interior. Esto es especialmente importante en el caso de los vinos blancos o rosados (incluidos los cavas, que caen en estas categorías), ya que suelen consumirse a menor temperatura y son, por tanto, más propensos a calentarse con el calor de nuestro cuerpo; pero también el vino tinto se ve afectado si cogemos la copa por donde no debemos. Recordemos que, pese a lo que a menudo se oye por ahí, el vino tinto no debe tomarse “a temperatura ambiente” salvo que estemos en el exterior a la sombra en primavera u otoño, que es en las pocas ocasiones en las que dicha temperatura ambiente coincidirá con la temperatura de consumo adecuada para el vino. El contraste entre esa temperatura idónea para el tinto situada habitualmente entre los 16-20ºC y los 36ºC de nuestro cuerpo es lo suficientemente grande como para entender que también el vino tinto se calentará más de lo recomendable si cogemos la copa por la parte destinada a contener el líquido.

La razón anterior ya es por sí sola lo suficientemente importante como para coger la copa por el tallo sin necesidad de más argumentos, ya que va a afectar directamente a nuestro disfrute del vino, pero no es la única. El segundo argumento que podemos destacar podemos situarlo más bien en el terreno de la estética… pero no por ello debemos considerarlo menor, ya que, como sabemos, de la comida (y la bebida) se disfruta a veces casi tanto con los ojos como con el paladar.

Y es que si cogemos la copa por el cáliz, inevitablemente vamos a ir llenándola de huellas de nuestros dedos, apagando poco a poco la bonita transparencia del cristal, y afeando su aspecto. Ya, ya sabemos que no coméis con las manos ni empujáis la comida con los dedos, pero por muy limpias que las tengáis, el continuo manoseo de la copa terminará por llenarla de huellas. Cogerla por el tallo, además de mantener la temperatura del vino por más tiempo, evitará este feo efecto. Por cierto, aprovechamos para recordar que, si estamos comiendo, es también conveniente limpiarse los labios con la servilleta antes de dar un sorbo al vino, si no queremos que el borde de la copa termine lleno de feas marcas de grasa…

Las dos anteriores consideramos que son las razones más poderosas para sujetar adecuadamente la copa de vino, pero no son las únicas. Si necesitáis alguna más, aquí van unas cuantas, que, si bien puede que sean secundarias, también suman: por ejemplo, sujetando la copa por el tallo, vuestros brindis tendrán un bonito sonido; además, esta forma de coger la copa facilita la agitación del líquido en movimientos circulares, para facilitar la liberación de los aromas secundarios del vino y disfrutar así mejor de la degustación.

¿Necesitáis más motivos? Bueno, pues quizás el último sea éste: que esa es la forma correcta de coger la copa, la que establecen el protocolo y las buenas maneras. Aunque los norteamericanos aún no lo sepan…

Coger la copa por el pie

Puede que aún os quede alguna duda si en alguna ocasión observáis cómo coge la copa un catador profesional, porque en este caso suelen hacerlo directamente por el pie, por la base de la copa. Se trata de un caso especial, una forma “profesional” de tomar la copa para facilitar la contemplación del vino, su agitación, etc. Por otro lado, no es una forma cómoda de coger la copa si estáis sentados a la mesa, ya que cogerla así desde donde está apoyada, o para dejarla, es prácticamente imposible. No es un modo apto, pues, para tomar la copa a ratos y tomar unos sorbos, sino que está más destinado a mantenerla en la mano durante bastante tiempo.

Se trata, por tanto, de una forma válida de coger la copa de vino siempre que estemos en el contexto apropiado: podéis hacerlo si os resulta cómodo y estáis participando en una cata, o de pie en un cóctel, o tomando unas copas en la barra. Pero cuidado, ya que cogida de esta forma, la copa es más inestable, y ante cualquier empujón o codazo accidental es más fácil que su contenido acabe derramado sobre vuestra camisa o la del vecino. Recomendamos, por tanto, reservar esta forma de coger la copa a los verdaderos expertos.

¿Y cogerla con tres dedos?

Hay otra forma de coger la copa que está relativamente extendida, y es hacerlo con dos o tres dedos apoyados en la base del cáliz, y el resto en el tallo. Podríamos decir que es una situación intermedia entre coger la copa directamente por el cuenco o hacerlo íntegramente por el tallo. ¿Es válida esta forma de tomar la copa?

Bien, lo cierto es que no podemos negar que, si se hace con estilo, ésta puede ser una forma bastante elegante de sujetar la copa, y podemos considerarla aceptable desde un punto de vista de etiqueta en la mesa. Sin embargo, no es lo ideal si queremos evitar al máximo lo que planteábamos al principio, es decir, calentar el vino o dejar huellas en la copa.

Por lo tanto, si queréis disfrutar de vuestra bebida favorita en las mejores condiciones, insistimos: tomad la copa por el tallo.


Una imagen vale más que mil palabras:

A la izquierda, bien. A la derecha... bueno, es mejor que agarrarla como un vaso, pero no es lo correcto:
Correcto... y no tanto

Alemania 1, EE.UU. 0:
Obama, tienes que leer nuestro blog...

No todos los norteamericanos cogen mal la copa, aunque lo parezca viéndolos en el cine o la televisión. Robert Parker es norteamericano, pero sabe de vinos:
Tú sí que sabes...

Estos también saben. O les han dirigido bien. Por algo la peli iba de afición al vino y se llamaba “Entre copas”:
A vuestra salud

Frank, Claire: vais a calentar el vino… ¡Y cambiad de copas ya, que con esas no hay quien lo disfrute!
¿Con lo que ganáis y con copas del siglo pasado?

Mal, y peor:
Rajesh mal, pero lo de Penny es de traca...

“Mira, se coge así”. ¡Muy bien, Alicia! 
"Aprende, se coge así"

¡Penny! ¡Penny! ¡Penny! (Bernadette, ¿tú también…?)
No la mires así, que tú tampoco lo haces bien, Bernadette...

¡Carrie, el vino se bebe a sorbos, no se engulle! Casi que tu forma de coger la copa ya es lo de menos…
Con esos tragos, no da tiempo a que se caliente...

Claro que siempre puede ser peor…

jueves, 12 de noviembre de 2015

Vino Joven, Crianza, Reserva y Gran Reserva: ¿sinónimos de calidad?

Parece el conocimiento más básico en materia de vinos, diferenciar entre un vino joven, un crianza, un reserva y un gran reserva. Y, sin embargo, parece que no es tan sencillo, según demuestran los hechos:

En una encuesta reciente entre aficionados al vino, un 70% de las respuestas fueron erróneas cuando se preguntó por los meses de envejecimiento en barrica necesarios para considerar a un vino como crianza. Por otro lado, existe todavía la creencia generalizada de que, en el vino, más tiempo en barrica es sinónimo de más calidad. Y esto no tiene por qué ser así.

En este artículo intentaremos añadir un poco más de luz sobre todos estos conceptos.


Joven, Crianza, Reserva y Gran Reserva.

Debemos empezar diciendo que sólo en España existen estas denominaciones, reguladas por ley, en base al grado de envejecimiento de un vino. No busquéis tipologías equivalentes en vinos italianos, franceses, norteamericanos o chilenos, por mencionar unos cuantos, porque no existen. Y, vista la confusión que a veces generan estas clasificaciones, uno se pregunta a veces si no sería mejor así, y que simplemente prestásemos atención a la verdadera calidad del vino y no a una supuesta “categoría” que no tiene por qué ir ligada a dicha calidad. Pero más tarde volveremos sobre este tema, veamos ahora qué es lo que determina la normativa española en materia de crianza de vinos:

Esta clasificación está regulada por la “Ley de la Viña y el Vino”, que marca unos mínimos de crianza en barrica y en botella para cada categoría. A partir de aquí, las distintas denominaciones de origen pueden establecer sus propios criterios siempre que sean “a más”, es decir, más tiempo en barrica y/o en botella de lo que establece esta ley básica del sector.

Los tiempos fijados por esta ley difieren según el tipo de vino, siendo mayores para los tintos que para los blancos y rosados. Son los siguientes:

  • Tinto Joven: Se trata de un vino que no ha tenido crianza en barrica o bien ésta ha sido de duración inferior a la que le otorgaría la categoría de “Crianza”.
  • Tinto Crianza: Es un vino que ha tenido un proceso de envejecimiento total de al menos 2 años en bodega, de los cuales como mínimo 6 meses han sido en barrica. El vino sale a la venta en su tercer año.
  • Tinto Reserva: En este caso, el vino ha debido permanecer un mínimo de 3 años en bodega, de los cuales al menos 1 año ha debido pasarlo en barrica. Su comercialización se produce en el cuarto año.
  • Tinto Gran Reserva: La estancia en bodega se alarga en este caso hasta 5 años, de los cuales al menos 18 meses han sido en barrica. El vino se comercializa en su sexto año.

En el caso de los blancos y rosados, la clasificación es la siguiente:

  • Blanco o Rosado Joven: Igual que ocurría con los tintos, se trata de vinos que no han pasado por barrica, o lo han hecho por un tiempo inferior al que les otorgaría la categoría de Crianza
  • Blanco o Rosado Crianza: Es un vino que ha tenido un proceso de envejecimiento total de al menos 18 meses en bodega, de los cuales como mínimo 6 meses han sido en barrica. El vino sale a la venta en su segundo año.
  • Blanco o Rosado Reserva: En este caso, el vino ha debido permanecer un mínimo de 2 años en bodega, de los cuales al menos 6 meses han debido ser en barrica. Su comercialización se produce en el tercer año.
  • Blanco o Rosado Gran Reserva: En este caso, la estancia en bodega se alarga hasta un mínimo de 4 años, aunque se mantiene el mínimo de 6 meses en barrica. Se comercializan en su cuarto año.

Confusiones y limitaciones de esta clasificación
 
Si bien esta clasificación se estableció con el objetivo de orientar al consumidor estableciendo categorías teóricamente ligadas a parámetros de calidad del vino, en la práctica se presta a confusión por múltiples razones.

La primera es que ni siquiera estas tipologías han resultado ser homogéneas a lo largo y ancho de la geografía vinícola nacional (recordemos que fuera de España ni siquiera existen), ya que algunas D.O., como Ribera y Rioja, han decidido modificarlas. Así, en aquellas regiones, un vino tinto crianza debe haber permanecido un mínimo de 12 meses en barrica, y no 6 como establece la ley marco del sector, si bien el tiempo total de estancia en bodega (2 años) se mantiene invariable.

Por otro lado, estas regulaciones están demandando siempre un tiempo mínimo de crianza en barrica de madera, lo que deja de lado otros tipos de crianzas como puedan ser la crianza en depósito sobre lías, o la crianza en depósitos de hormigón. Es decir, se dejan de lado unos tipos de elaboración que dan lugar a vinos con características diferenciadas a la que ofrece la crianza en madera, pero no necesariamente inferiores en calidad. De hecho, existe una tendencia creciente por parte de los elaboradores a reducir los aportes de madera al vino para realzar otras características como pueda ser su frutalidad, por ejemplo; estos tipos de crianza alternativa otorgan al vino características propias del envejecimiento pero sin añadir aromas “externos”, lo que puede ser de interés en vinos “de autor”.

Otra limitación de esta clasificación es la de obligar a un tiempo mínimo de estancia en bodega, previo a la comercialización. Si bien esto garantiza un envejecimiento mínimo de los vinos que llegan al consumidor, no refleja el posible envejecimiento que haya tenido el vino fuera de la bodega, aunque haya sido en un entorno climático perfectamente controlado. Lo que queremos decir es que un vino joven con 6 meses de crianza en barrica que se pusiera a la venta en su primer año y que permaneciera en una tienda (en buenas condiciones de conservación, por supuesto) durante un año, sería equivalente al cabo de ese tiempo a un vino de crianza, que habría estado obligado a estar ese tiempo en el almacén de la bodega; sin embargo, el primero no gozaría de esa clasificación.

Podríamos pensar que al menos esta clasificación puede ayudar a elegir a los consumidores más tradicionales, amantes de un intenso aroma a madera en el vino (algo que tiende a desaparecer en los vinos modernos), pero ni siquiera es así. Porque un mayor tiempo en barrica no tiene por qué ir directamente ligado a estos aromas de madera: depende mucho también del tipo de barrica y del proceso. No es lo mismo una barrica de castaño que una de roble, ni tampoco son iguales el roble francés y el americano. Por no hablar de las diferencias entre usar barricas nuevas o de segundo vino, o elegir unas barricas de alta calidad, con una porosidad perfectamente controlada, o bien unas barricas del mismo material pero más baratas, en los que el grado de porosidad a veces es un misterio (y con ello, el resultado final…). También depende del grado de tostado de la madera, etc, etc, etc. Además, si sólo se busca añadir sabor y aromas de madera, ni siquiera es necesario pasar por la crianza en barrica: puede conseguirse de forma fácil y económica sin más que añadir “chips” (trocitos) de madera al depósito de vino; un proceso que prescinde de muchos de los efectos del paso por barrica (microoxigenación, etc) pero que puede satisfacer a los que sólo buscan un toque a madera en su vino.

Envejecimiento y calidad

Toquemos ahora el gran mito: envejecimiento del vino y calidad.

Da igual que muchos ya sepamos que hay grandes vinos jóvenes igual que hay reservas imbebibles, la relación entre estas categorías y la supuesta calidad del vino es algo que los españoles ya casi llevamos en nuestros genes, y que costará mucho cambiar. Es ver una etiqueta donde diga “Reserva” y ya solemos estar predispuestos a encontrar un buen vino (no digamos ya si lo que dice es “Gran Reserva”…), igual que nuestra predisposición ante un vino joven suele ser todo lo contrario, además de etiquetarlo automáticamente como “vino barato”. Por esta misma razón, encontrarnos con un vino joven con precio “de vino de calidad”, a menudo invita a pensar que están intentando timarnos… Lamentablemente, va a costar cambiar esta percepción, aunque poco a poco se va consiguiendo.

¿La crianza va ligada a la calidad? No necesariamente. Como hemos visto, los requisitos para etiquetar como crianza o reserva son un tiempo determinado en barrica y en botella. Ni se hace mención a la calidad del vino, ni a la de la barrica, entre otros. Un vino pésimo metido en una barrica barata y mala durante el tiempo requerido, podrá tener la etiqueta de crianza o reserva aunque sea una basura. Puede pensarse que esto es llevarlo a un extremo, pero no tanto: basta con pasarse por el supermercado y probar algunos para ver que hay muchos vinos realmente malos con la etiqueta de Reserva.

¿Y si el vino es bueno, y la barrica es buena, y se cuida el proceso? Bien, en ese caso es cierto que el proceso de crianza suele aportar complejidad, y calidad, al vino. Pero se requiere todo eso: buena materia prima, cuidadosa elaboración, y buenas barricas. Y aún así, más crianza no tiene por qué ser necesariamente “mejor”. A menudo es sólo “distinto”.

Porque al mismo tiempo que la crianza aporta algunas cosas, también resta otras. Por ejemplo, suele restar frescura. O, simplemente, puede enmascarar algunas buenas características, aunque sea para sustituirlas por otras. Por eso, si bien un buen reserva puede ser muy buen vino, no tiene por qué ser peor un buen crianza. A menudo, simplemente son distintos. Eso por no hablar de los cada vez mejores vinos jóvenes que llegan al mercado, algunos realmente excelentes aunque no lleguen ni a la categoría de “Crianza”. Lo mejor del vino es disfrutar su variedad, y los diferentes tipos de elaboración, los diferentes tipos y tiempos de crianza, el uso o no de barrica o el tipo de ésta, aparte, por supuesto, del tipo de uva, aportan justamente eso: variedad.

Por último, no olvidemos que la vida del vino tiene un ciclo, y ni el mejor vino mejora eternamente con el paso del tiempo: todo vino tiene un periodo de madurez en el que alcanza su esplendor, para luego decaer. El momento en que se produce dicha madurez depende de muchos factores (calidad del vino, tipo de elaboración, tiempo de crianza…) pero hay uno fundamental: una buena conservación, en condiciones óptimas de temperatura, humedad, iluminación… Si no es en esas condiciones, pocos vinos mejoran realmente con el paso del tiempo, suele suceder precisamente lo contrario…

Conclusión:

Es bueno conocer qué significan realmente los términos de vino joven, crianza, reserva o gran reserva, pero no debemos obsesionarnos con ello. Se trata de terminología que nos aporta algo de información sobre el proceso de elaboración del vino, pero que no tiene por qué ir directamente ligada a su calidad. Existen magníficos vinos en todas estas categorías, igual que en todas ellas hay vinos malos. Y, de hecho, hay muchos elaboradores en nuestro país que directamente omiten esta terminología en sus botellas, al considerar que no aporta ninguna información realmente valiosa.

De hecho, cada vez más estas categorías están quedando limitadas en la práctica a las D.O. de Rioja y Ribera del Duero, quizás más apegadas a la tradición, mientras que en las nuevas marcas de calidad que van apareciendo a lo largo y ancho de nuestra geografía estas designaciones ya no aparecen en la botella. Quién sabe, quizás con el tiempo tendamos a parecernos más a otros mercados vinícolas en los que el consumidor valora el vino por su calidad, considerando que el proceso para lograrla es cosa del elaborador y que al consumidor medio le importa poco. El tiempo lo dirá.

lunes, 26 de octubre de 2015

Cómo guardar el vino en casa

Todo amante del vino, tarde o temprano se encuentra ante este dilema: las botellas de vino se le empiezan a acumular, ya sea porque ha comprado alguna caja a buen precio, porque ha hecho un recorrido enoturista comprando un poco en cada bodega… o por la razón que sea. En ese momento, y conocedor de que el vino es como un ser vivo, que requiere ciertas condiciones de almacenaje para su correcta conservación, se plantea la pregunta: ¿cómo almaceno el vino en casa?

No cabe duda de que si estamos ante un enófilo consumado, no dudará en comprarse una vinoteca, uno de esos armarios refrigerados que garantizan la idónea conservación de nuestras botellas más preciadas, en condiciones perfectas de temperatura y humedad. Está claro, esta es la mejor opción para conservar adecuadamente los vinos en un domicilio particular (donde, ni solemos tener una bodega subterránea a mano, ni es cuestión de que climaticemos todo un espacio de almacenaje), pero esta solución tiene un coste de adquisición y mantenimiento (el consumo eléctrico de un aparato conectado las 24 horas del día los 365 días del año) que no todos los aficionados están dispuestos a asumir. Lógicamente, no es lo mismo tener que conservar una colección de muchas decenas (o incluso centenares) de vinos de gran calidad, que buscar dónde guardar las 10 ó 20 botellas de precio medio que hemos acumulado sin saber muy bien cómo…

Si estamos en este segundo grupo, de los que prefieren buscar una buena ubicación a sus botellas sin hacer una inversión en una vinoteca, lo que debemos saber por encima de todo es qué debemos evitar en el almacenaje de nuestros vinos.

Los enemigos del vino

Al vino no le van bien los cambios, ni los extremos. No le van bien las temperaturas muy altas ni muy bajas, y tampoco le van bien los cambios bruscos de temperatura. Lo ideal sería mantenerlo siempre a “temperatura de bodega”, en un ambiente más bien fresco, digamos alrededor de los 18ºC, pero, salvo en invierno, es difícil que dispongamos de una estancia así en casa. En ese caso, lo que debemos procurar es buscar un lugar de almacenaje que quede lejos de la calefacción en invierno, y que sea una de las estancias más frescas de la casa en verano. Si disponemos de sótano, o un trastero en los bajos del edificio, suele ser el lugar más adecuado, ya que ni está expuesto a los rigores del verano, ni suele estar calefactado en invierno.

También debemos recordar que el vino hay que almacenarlo en posición horizontal, para que el corcho se mantenga en contacto con el líquido y se evite su resecamiento. Un corcho reseco no realiza su función con efectividad, y permite una mayor entrada de oxígeno que envejecerá prematuramente el vino, o, en el peor de los casos, incluso permitirá que se filtre líquido a su través. El calor es también un enemigo del corcho, pero si ya hemos buscado una estancia lo más fresca posible, dejar las botellas tumbadas ayudará a mantenerlos en las mejores condiciones para su conservación.

Debemos tener presente también que el corcho es poroso, y a través de él se va filtrando poco el aire… y los olores. Por ello, es fundamental guardar el vino en un lugar preferiblemente sin olor, y, sobre todo, sin presencia de olores intensos, sean del tipo que sean, que con el tiempo podrían echarnos a perder los sutiles aromas de nuestro amado vino.

El grado de humedad ambiental también es importante, aunque generalmente es algo sobre lo que no podemos actuar fácilmente. Al vino le va bien una humedad ambiental media, ni tan baja que favorezca el resecamiento de los corchos, ni tan alta que pueda provocar la aparición de mohos en los mismos, o bien un olor a húmedo en la habitación que pueda filtrarse hacia el vino. Éste es un criterio que puede ir en contra del anterior en cuanto a la elección de un sótano como lugar de almacenaje, si dicho sótano resulta ser húmedo; una pena, pues un sótano húmedo suele ser fresco…

Al vino tampoco le viene bien el ajetreo. El vino se conserva mejor en reposo, no con la botella moviéndose de un lado para otro. Incluso las vibraciones del tráfico o los ruidos pueden llegar a alterar la conservación de un vino, aunque no debemos obsesionarnos con eso: esto sólo afecta a los vinos conservados durante largos periodos de tiempo, y probablemente las sutiles variaciones que provoquen estos efectos tampoco están al alcance del paladar del aficionado medio. Pero sirva como guía para pensar en ubicar nuestras botellas en un lugar donde no tengamos que estar moviéndolas continuamente de sitio. Es decir, una caja dentro de un armario que tengamos que sacar cada vez que queramos cambiarnos de zapatos, no es el mejor lugar de almacenaje para nuestro vino…

Y, por último, la oscuridad. Al vino tampoco le viene bien estar expuesto a una luz intensa. De nuevo, la calma, el frescor y la oscuridad de las clásicas bodegas aparecen como el lugar idóneo para la guarda del vino. En nuestro caso, convendrá buscar un lugar preferiblemente resguardado de la luz. El sótano o el trastero de nuevo se convierten en lugares adecuados en este aspecto, si cumplen también con los criterios comentados anteriormente (o con la mayor parte).

Dónde guardar el vino… y cuánto tiempo

Si no disponemos de un almacén climatizado o de un armario vinoteca, tendremos que buscar el rincón de nuestra vivienda que mejor se adapte a los requisitos que hemos expuesto con anterioridad, aunque asumiendo que difícilmente los cumpliremos todos. En particular en nuestro país suele resultar difícil en una vivienda típica encontrar una habitación no climatizada cuya temperatura a lo largo del año sea más o menos constante y fresca. Prácticamente imposible. Así que, dentro de nuestras posibilidades, intentaremos buscar el mejor sitio, sabiendo que nunca será el idóneo para guardar nuestro vino durante largos periodos de tiempo.

Por esta misma razón, si no tenemos las condiciones adecuadas ni estamos dispuestos a invertir dinero en una vinoteca, debemos procurar consumir los vinos que adquiramos en un plazo de tiempo razonable. Sabemos que hay vinos que conviene consumir en el año (en general, blancos, rosados y tintos jóvenes) y que los crianzas y reservas pueden almacenarse durante más tiempo, mejorando incluso con los años en muchos casos. Pero esto es la teoría: si las condiciones de almacenaje no son las adecuadas, pocos vinos mejoran, produciéndose fácilmente lo contrario, que van empeorando ligeramente con el paso del tiempo. Por esta razón, nuestro consejo si no se dispone de las condiciones óptimas de almacenaje es plantearse el plazo de un año como máximo para el consumo de los vinos que vayamos adquiriendo, independientemente de su tipo. Por supuesto, se trata solamente de una recomendación conservadora, puede que nos duren mucho más… pero, ante la duda, mejor no arriesgarse.

Existen estudios que han medido el envejecimiento de un vino conservado razonablemente bien en una vivienda, frente al que experimenta el mismo vino en condiciones de bodega. Las conclusiones de estos estudios es que un año de almacenaje en casa equivale muchas veces a 3 ó 4 años de estancia de ese vino en condiciones de bodega. Los números hablan por sí solos.

Consejos para guardar el vino en casa:

Por resumirlo en pocas palabras, os recomendaríamos básicamente lo siguiente en cuanto a cómo guardar los vinos en casa:
  • Sobre todo, no guardarlos en la cocina. Suele ser el peor sitio, al estar expuesto a cambios de temperatura (al cocinar, al poner el horno), de humedad (vapor producido al cocer), olores variados… Prácticamente cualquier sitio de nuestra casa es mejor que la cocina para guardar el vino. Si vuestros muebles de cocina incluyen un botellero, mejor usadlo para las botellas de refresco o para colocar unos adornos, vuestro vino os lo agradecerá.
  • Si disponéis de trastero o sótano, consideradlo como una de vuestras primeras opciones. Suelen ser lugares oscuros, tranquilos, sin olores, y razonablemente frescos, uno de los mejores sitios para almacenar vuestros vinos.
  • Si no disponéis de medios adecuados, no os planteéis formar vuestra propia bodega para una larga guarda. Comprad los vinos pensando en bebéroslos durante los próximos meses. Es la mejor forma de garantizar que los degustaréis en las mejores condiciones.
  • Y, como consecuencia de lo anterior, si queréis empezar a formar una verdadera bodega personal, y a experimentar con almacenar vinos para larga guarda y así poder descubrir cómo evolucionan con el paso del tiempo… en ese caso deberéis invertir en una buena vinoteca. En una vivienda media, suele ser la única forma de garantizar que nuestros vinos se conservarán en las mejores condiciones con el paso de los años.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Tostadas de pan de semillas con crema de castañas al brandy

¿Qué habría sido de nuestra infancia sin las “cremas untables”? Si en Estados Unidos, según vemos en series y películas, no podrían vivir sin la mantequilla de cacahuete, en España durante muchos años ha sido inconcebible pensar en una infancia sin meriendas de pan con Nocilla. Con los años y la globalización nos llegó el producto original, la Nutella de Ferrero, que hoy convive con la imitación patria que durante décadas considerábamos única, junto con multitud de marcas blancas que han ido surgiendo con mayor o menor fortuna.

Lo que está claro es que la crema de cacao con avellanas es una exquisitez  a la que muchos no queremos renunciar ni siquiera de adultos, aunque sea solamente de vez en cuando. Pues bien, hoy os traemos una alternativa diferente, más “adulta” si queréis verlo así, pero tan exquisita como la Nocilla de nuestras meriendas infantiles: la mermelada, o mejor diríamos crema, de castañas al brandy. Una especie de delicioso “marron glacé” para untar, con el toque aromático extra que le otorga el licor.

Con una textura similar a la crema de cacao con avellanas, se trata de un producto delicioso, delicado y lleno de aromas. Aromas y sabor que alcanzan la cumbre de la exquisitez cuando la combinamos con un buen pan de semillas: una tostada de este pan untada con esta crema de castañas al brandy es como la versión adulta de la deliciosa Nocilla de nuestra infancia: menos dulce, y con aromas más complejos, más “adultos”, pero tan deliciosa o más si cabe que aquellas meriendas de intenso sabor a chocolate. Un desayuno o merienda “adultos” de verdadera fiesta.


Untada sobre pan corriente o sobre galletas también está deliciosa, así como para acompañar unas crêpes, pero de las combinaciones que hemos probado, la del pan de semillas es sin duda alguna la vencedora. ¡Qué delicia para empezar el día, o como merienda en una de estas tardes del otoño que acaba de entrar!

Nos queda probarla como relleno de unas empanadillas dulces, donde creemos que puede dar también un resultado extraordinario. Quizás incluso añadiéndole a ese relleno pequeños trocitos de frutos secos. ¿Se anima alguien a probarlo y contárnoslo…?



viernes, 21 de agosto de 2015

Monastrell: la uva española descubierta en Francia

Jumilla
No, no es que los franceses descubrieran por primera vez esta variedad autóctona del sureste español, claro que no. En España hace siglos, quizá milenios (se cree que la introdujeron los fenicios) que cultivamos y conocemos la Monastrell. Pero la conocíamos como uva para vinos de granel, uva despreciada como de escasa calidad. Y tuvieron que venir de Francia para enseñarnos todo el potencial que podía extraerse de esta olvidada uva nuestra.

Una uva viajera y con varios nombres
La Monastrell es una variedad típica principalmente de las zonas de Yecla y Jumilla, en Murcia, aunque también la encontramos en otras zonas del levante español. Fue una uva que “emigró” rápidamente a tierras francesas: en fechas tan prematuras como finales del siglo XVI, la Monastrell fue introducida en la Provenza, al sur de Francia, con el nombre de “Mourvèdre”. Hoy en día bastantes vinos franceses y algunos de otras procedencias (California, Australia…) se elaboran con Mourvèdre, variedad que mucha gente supone francesa, cuando en realidad se trata de la humilde y largo tiempo denostada Monastrell española.

Sin embargo, tampoco en el país galo esta uva lo tuvo fácil. Rebautizada como Mourvèdre a partir del antiguo nombre en valenciano de Sagunto (Morvedre), por ser probablemente el puerto desde el cual partió esta uva hacia el norte, la Monastrell fue cultivada y vinificada en Francia durante siglos, pero nunca llegó a destacar. Al igual que ocurría hasta hace relativamente poco con nuestros Jumillas, con ella se elaboraban vinos rústicos, recios y potentes, vinos de mesa baratos y de escasa calidad. Quizás por suavizar un poco esa potencia y aspereza típica de los vinos jóvenes de esta variedad, en tierras francesas tendían a producirse más bien rosados con ella, pero sin destacar tampoco en ningún sentido.

El redescubrimiento
Tanto era así que, a mediados del siglo XX, el cultivo de Monastrell o Mourvèdre en la Provenza francesa había pasado a ser poco menos que testimonial. Hasta que, en los años 40, apareció Lucien Peyraud, el “redescubridor” de la Mourvèdre-Monastrell, quien empezó a experimentar en la bodega Domaine Tempier envejeciendo en roble los vinos elaborados con esta variedad. Y entonces se dio cuenta del enorme potencial para el envejecimiento que tenía esta humilde uva. Con el paso de los años, el vino elaborado con Monastrell iba moderando su potencia inicial para ganar en finura y complejidad, hasta no tener nada que envidiar a los clásicos grandes vinos franceses.

Casi al mismo tiempo, otro viticultor galo, Jacques Perrin, experimentaba en la región del Ródano con distintos “coupages” (mezclas o ensamblajes) de variedades para mejorar sus vinos, en los que la Garnacha (otra variedad de origen español) era la uva predominante. En el curso de estas experimentaciones, dio con la Monastrell, y quedó enamorado del resultado. Parece ser, por cierto, que en este caso la uva utilizada no procedía de los antiguos viñedos de Mourvèdre que se empezaron a implantar por la Provenza en los siglos XVI y XVII, sino de unas viñas de un exiliado español, que las había plantado a partir de unos esquejes traídos consigo al final de la Guerra Civil.

Y llegó Parker…
Llegaron los años 80, y apareció “el gurú de los vinos”, el norteamericano Robert Parker. En sus análisis de vinos franceses, uno de los vinos de la familia Perrin, elaborado con un coupage dominado por la Monastrell, logró la mítica cifra de los 100 puntos. El no va más. La Monastrell había ascendido hasta lo más alto de la élite de la enología mundial. Y no fue un caso aislado: los vinos de Château de Beaucastel, la bodega de la familia Perrin, repitieron los 100 puntos Parker en las publicaciones de 1989, 1990 y 1998.

La Monastrell, o la Mourvèdre, saltó a la fama de repente. La uva olvidada aparecía en todas las publicaciones, y por todos los rincones del planeta, los viticultores se fijaban en ella. Por entonces, en España los vinos baratos de Jumilla elaborados con Monastrell se disputaban las mesas con manteles de plástico de los restaurantes de menú del día…

Pero la Monastrell levantina no sólo había llegado a Francia: en el siglo XIX, y partiendo de tierras galas, esta uva había llegado también a los viñedos de California y Australia, donde, al igual que en los demás lugares, era considerada una variedad menor… hasta que llegaron Parker y sus 100 puntos. Desde entonces, también por aquellas lejanas tierras empezó a trabajarse para dedicarle a esta uva la atención que requería para obtener de ella buenos vinos. Por cierto, que de nuevo esta variedad demuestra su afición al cambio de nombres, y su apego a ser conocida por su lugar de procedencia: si en Francia se la apodó Mourvèdre por su origen “Morvedrés” o “Saguntino”, en Australia y California es a menudo conocida como “Mataró”.

El panorama español
Lógicamente, España, origen y principal productora de esta uva (el 80% de la superficie de cultivo mundial de esta variedad está aún en nuestro país) no podía permanecer ajena a este revuelo. Pero crear grandes vinos en una zona hasta entonces ajena a ello no era tarea fácil, y conseguirlo requeriría un tiempo.

Poco a poco, y con esfuerzo, la situación empezó a cambiar. En los años 90, de esas regiones tradicionalmente dedicadas al granel y los vinos de mesa, empezaron a salir algunos buenos vinos elaborados con Monastrell. Era el primer paso: empezar a producir buenos vinos. El segundo, vencer la resistencia de un consumidor que históricamente había asociado los vinos de la zona a vinos baratos de baja calidad.

Así las cosas, tendría que llegar el nuevo milenio para que, poco a poco, la Monastrell empezase a ser algo conocida en nuestro país, y para que las denominaciones de origen de Jumilla, Yecla o Alicante empezaran a quitarse el sambenito de “vinos malos”. Una tarea que aún está lejos de concluir, y no sólo para estas zonas vinícolas, pues aunque el aficionado ya sabe que hoy en nuestro país se elaboran grandes vinos en cualquier parte y sabe también que el sello de la denominación de origen cada vez significa menos, el consumidor medio aún vive en muchos casos apegado al rioja-ribera para los tintos, y el rueda-albariño para los blancos. En cuanto a divulgación interior y exterior de nuestros vinos, todavía queda muchísimo camino por recorrer.

Descubre la Monastrell
Viña al lado de la casa
Poco a poco, la Monastrell española y los grandes vinos que están siendo elaborados con ella, está logrando su reconocimiento a nivel nacional y mundial. La verdad es que la historia de su “redescubrimiento” nos recuerda a la que contábamos en este mismo blog hace algún tiempo, en relación con la Sumoll. Uvas antiguas, consideradas como “inferiores”, con las que hoy se hacen grandes vinos.

¿Y tú, has descubierto ya la “revolución Monastrell”? Si no lo has hecho, permítenos que te recomendemos este “Viña al lado de la casa”. Un fantástico vino de Yecla elaborado con predominio de Monastrell, complementada con Cabernet Sauvignon, Syrah y Tintorera, y envejecido durante 13 meses en barricas de roble francés. Un gran vino, complejo, aromático y con cuerpo, que en Delicias Ibéricas puedes conseguir a un precio excepcional, con un descuento de más de 2 euros con respecto a su precio de venta habitual.

Y si prefieres probar un monovarietal de Monastrell, joven con 6 meses de crianza, puedes decantarte por Hécula, un buen representante de cómo también esta uva puede dar lugar a vinos jóvenes afrutados y agradables de beber.

O también puedes optar por Solanera, segundo mejor vino del mundo por relación calidad-precio para Robert Parker en 2015. Un vino de Monastrell, Cabernet Sauvignon y Garnacha Tintorera con 10 meses de barrica.

Tres magníficos vinos de Bodegas Castaño, artífice de la "revolución Monastrell" en nuestro país. ¿A qué esperas para probarlos?

miércoles, 12 de agosto de 2015

Helado de manzana asada al ron con higos en almíbar

Este verano, aprovechando que pasábamos por Girona, hemos querido probar los helados de Jordi Roca, el famoso repostero del aclamado Celler de Can Roca. Así que nos pasamos por su pequeña heladería en el centro de la ciudad, Rocambolesc. Un local muy pequeñito y que casi pasa desapercibido (si no fuera por los turistas degustando helados que lo rodean por el exterior), casi decepcionante cuando lo ves… aunque “cuco”.

En fin, el caso es que probamos los helados. Están ricos, sin duda, pero, la verdad, tampoco esperéis algo tremendamente espectacular. Es una buena heladería artesana, con algún que otro toque original (especialmente, la posibilidad de añadir al helado diferentes “toppings”), pero tampoco me pareció especialmente deslumbrante; simplemente al nivel de otras buenas heladerías artesanas (algo más cara, como se podía esperar, aunque asequible).

Personalmente quise probar el que sin duda es su producto más original: su bollo caliente relleno de helado, un producto para el cual han desarrollado un proceso de elaboración que permite mantener el helado de su interior frío mientras se calienta el bollo o panecillo que lo envuelve. La verdad es que el resultado está rico y el contraste de temperaturas es muy curioso, aunque lo peor es que al comerlo a mordiscos, lo devoras en un pispás :-)

Bueno, pues el caso es que para rellenar este panecillo caliente elegí uno de los sabores que más me llamaba la atención: el helado de manzana asada. Era un sabor con el que no me había topado hasta entonces, y debo reconocer que me encantó. Así que, una vez de vuelta en casa, me puse a investigar para intentar reproducirlo… y permitidme que os diga que, quizás sea “amor de madre”, pero el resultado me ha gustado aún más que el helado de Jordi Roca: ¡está simplemente delicioso!

Para mi versión, decidí añadir un poquito de licor a las manzanas mientras se asaban, y elegí un buen ron negro. Además, decidí ponerle un pequeño toque de canela. Y, por último, elegí unas manzanas ligeramente ácidas: las Granny Smith. Pues bien… no sé si ha sido suerte, intuición, o qué, pero la combinación de sabores, aromas, dulzor y acidez es sencillamente ¡espectacular! ¡Qué helado más maravilloso!

Y si ya queréis rizar el rizo y preparar con él un postre de altura (su presentación no será como los del Celler de Can Roca, pero su sabor seguro que no desmerece), acompañadlo con unos cuantos de estos exquisitos higos en almíbar. Se me saltan las lágrimas…


¿Qué, os animáis a preparar este delicioso helado en casa? Es cierto que requiere algo más de elaboración que otros helados, al tener que preparar con antelación las manzanas asadas, pero os aseguro que el esfuerzo bien lo merece. Una verdadera delicia.

Os dejamos la receta detallada en el blog del Aprendiz de Heladero. Y para el acompañamiento de higos en almíbar, ya sabéis que no tenéis más que pedirlos a Delicias Ibéricas: son higos ecológicos del Valle del Tiétar elaborados de forma totalmente artesana y natural. ¿Cómo no iban a estar buenos…?

¡A seguir disfrutando del verano!