sábado, 29 de noviembre de 2014

Descubriendo la butifarra

Aunque la mayoría creemos conocerla, en gran parte de España la verdadera butifarra es una gran desconocida. O, lo que es peor, a menudo es una “falsa conocida”, si lo que hemos probado es alguno de esos productos que se venden en supermercados con el nombre de “butifarras” y que sólo sirven para quitar las ganas de repetir la prueba. Una pena, porque, en nuestra opinión, este embutido es una más de las muchas joyas de la gastronomía española.

Aunque considerada generalmente como producto regional típico de Cataluña, la butifarra o longaniza (nombre con el que se la conoce en otras regiones) está extendida también por Aragón, Comunidad Valenciana y Baleares. Se trata de un embutido realizado básicamente con magro de cerdo (primera gran diferencia con esas butifarras industriales llenas de grasa que uno encuentra a la venta en muchos supermercados), sal y pimienta. La butifarra no es una salchicha gorda, ni se le parece: tiene personalidad propia, y, si es artesana y de calidad, un sabor exquisito y bien diferenciado.

La gama de butifarras existentes es amplísima, aunque básicamente podemos dividirla en dos grandes grupos: las frescas y las cocidas. Las cocidas, a su vez, pueden ser blancas (sin más añadidos), con huevo, o negras (con sangre de cerdo, cebolla y otros ingredientes, convirtiéndola en una especie de híbrido entre butifarra y morcilla), y pueden ser consumidas directamente, sin más preparación, o bien en rodajas a la plancha, salteadas con verduras (guisantes, judías verdes, ajetes…), en revueltos o en tortilla, o incluso añadiéndolas a guisos, como suele hacerse con el chorizo.

Pero hoy queríamos centrarnos en la butifarra fresca. Un producto que resulta exquisito hecho a la brasa. Una butifarra artesana, de calidad, asada en la barbacoa y acompañada de una ensalada de pimientos rojos o, mejor aún, de una escalivada (¡si las verduras se han asado también a la brasa, ya es para morirse de gusto!) y un buen vino, constituye una comida de auténtico lujo por muy poco dinero. No hace falta complicarse más la vida para disfrutar el placer de una comida exquisita. Y además gusta tanto a mayores como a pequeños…

Este fin de semana en Delicias Ibéricas hemos querido darnos uno de estos pequeños homenajes. A la plancha en vez de a la barbacoa (qué le vamos a hacer, cosas del otoño…) pero acompañadas de una escalivada (ésta sí, hecha a la brasa, rescatada del congelador en el que reposaba con mimo como reliquia del verano) y de un Barbazul, ¡hoy ha sido comida de fiesta!

Y es que los mayores placeres a veces están en lo más sencillo…

Vinos recomendados: Barbazul, Petit Caus, Pardas Negre Franc o Castell del Remei Oda son cuatro estupendos vinos de autor que combinan magníficamente con barbacoas, carnes a la brasa o esta propuesta de hoy de butifarra a la brasa (o a la plancha) con escalivada.

martes, 25 de noviembre de 2014

Galletas de parmesano con paté de berenjena

Si el paté de berenjena al estilo libanés es ya una exquisitez por sí solo, combinado con estas galletas de parmesano cuya receta os traemos hoy, el resultado es ya de vicio.


¿Habéis probado alguna vez  el baba ganush, esa exquisitez de la cocina árabe que se come con pan de pita, generalmente como entrante? Pues en eso consiste nuestro paté de berenjena, una exquisita crema de berenjenas asadas, sésamo, ajo y aceite, tan aromática y suave que resulta casi embriagadora. Lo habitual es comer esta crema o paté sola, untada en pan de pita (con tortillas mejicanas de trigo o maíz también resulta exquisita), aunque también resulta delicioso como acompañamiento de carnes: unos tacos de solomillo de cerdo asados o a la plancha servidos en un plato sobre el que se ha extendido una capa de este paté de berenjenas, da como resultado un plato de lujo y de sabor exquisito.

Pero hoy vamos a hacer algo sencillo, y a la vez divertido: galletas de queso parmesano, que acompañaremos con este delicioso paté.

Las galletas de parmesano son una riquísimas galletitas saladas, ideales para el aperitivo o la merienda, con un intenso sabor “a Italia”, a delicioso queso parmesano. Resultan ideales con una cerveza o un vino blanco, ¡y los niños las devoran!

Además, son sencillísimas de hacer. Aquí está la receta:

Ingredientes:

  • 250 g de harina
  • 175 g de mantequilla
  • 250 g de queso Parmesano rallado (Grana Padano también sirve)
  • Sal y pimienta al gusto

Preparación:

Fundir la mantequilla y mezclar con el queso rallado. A continuación, añadir la harina, la sal y la pimienta y amasar suavemente.

Estira la masa sobre la mesa con un rodillo (en su defecto, una botella o lo que tengas a mano) hasta dejarla con un grosor de unos 3-5 mm (menos de medio dedo, aunque depende del gusto de cada uno).

Corta la masa en pequeñas porciones con un molde para galletas o, si no tienes, con cualquier utensilio que se te ocurra (un tapón de plástico de boca grande, una copa estrecha puesta boca abajo…); o, simplemente, corta la masa en cuadraditos con un cuchillo.

Extiende todas las galletitas sobre una bandeja y ponlas a hornear unos minutos en el horno precalentado a 180ºC, hasta que estén doradas.

¡Y listo! Sácalas del horno y déjalas enfriar (preferentemente sobre una rejilla).


Cuando vayas a consumirlas, extiende un poquito de paté libanés de berenjenas sobre cada una, o sírvelas con el paté por separado para que cada uno se ponga a su gusto. ¡Simplemente delicioso, garantizado!

martes, 18 de noviembre de 2014

Gelée de vermut rojo; o cómo convertir unas humildes aceitunas en un plato de alta cocina

Domingo a media mañana. Unos amigos vienen a casa. Les ofrecemos unas cervezas, o quizás una manzanilla (¡de Sanlúcar, no una infusión!), y pensamos en qué sacarles para picar. Con unas simples aceitunas y un poco de gelée de vermut rojo quedaremos como reyes.



Algunas de las preguntas que más nos hacen en relación con nuestros productos tienen que ver con los gelées y con los chutneys. ¿Qué son, y cómo podemos utilizar cada uno de ellos?  Hoy nos centraremos en los gelées.

Un gelée es la forma de convertir en alimento sólido un sabor normalmente ligado a un líquido. Podríamos decir que un gelée es la solidificación de un vino o de una salsa, atrapando en un bocado todo el aroma y el sabor del líquido original. Una transformación que nos abre todo un mundo de posibilidades en nuestra cocina.

En los últimos años se ha ido perdiendo la tradición del vermut para el aperitivo, pero pocos son los que no se sienten seducidos por su sabor, acompañado de una aceituna. Y eso es justamente lo que os proponemos hoy para acompañar esas cañas domingueras matutinas: una tapa de aceitunas cubiertas por una sutil capa de gelée de vermut rojo. O, si tenéis tiempo y paciencia, en lugar de extender el gelée sobre las aceitunas, rellenad cuidadosamente el hueco de cada aceituna (sin hueso) con un poquito de gelée; el efecto será mucho más elegante.



Con cada aceituna, la mezcla de sabores estalla en la boca: la de la oliva fundida con el sabor del vermut artesano. Un aroma intenso y hoy casi olvidado, degustado de un modo que no satura a los paladares modernos, poco habituados quizá a este sabor del vermut: combinado con la cerveza, o con una manzanilla, la aceituna con gelée de vermut se convierte en un bocado exquisito y original. Un aperitivo de alta cocina, con el que sorprender a vuestros invitados o, simplemente, daros un capricho, que para algo es domingo.

Y no sólo para los aperitivos domingueros: como parte de esos entrantes que a menudo colocamos en la mesa como anticipo a las grandes comidas de celebración, unas tapas de aceitunas con gelée de vermut serán un éxito seguro. ¿Verdad que es una forma de lo más sencilla de quedar como reyes?

Por supuesto, podéis probar miles de combinaciones alternativas: simplemente sobre una  pequeña tosta de pan, o acompañando a unas lonchas de queso fresco, o, si sois atrevidos, salpicando pequeños trocitos aquí y allá sobre una ensalada… El sabor del vermut lo cambia todo, ¡sólo es cuestión de echarle imaginación!

Otro día hablaremos del gelée de Pedro Ximénez, el compañero perfecto de las carnes y los quesos de cabra… ¡Nos vemos!