lunes, 22 de febrero de 2016

¿Conoces las zonas vinícolas españolas?

España es uno de los mayores productores de vino a nivel mundial. Si contamos el mosto no fermentado, nuestro nivel de producción superó en 2013 a Italia y Francia, colocándonos como primer productor del mundo por volumen (en segundo lugar si sólo contabilizamos el vino); somos también el primer exportador en número de litros vendidos, aunque ocupamos el tercer lugar si lo que tenemos en cuenta es el valor de dichas exportaciones. Más triste resulta el ranking de precio medio por litro, donde ocupamos el puesto número 11, vendiendo más barato que Argentina, Chile, Sudáfrica o Portugal, entre muchos otros. Aún tenemos mucho que mejorar en la percepción exterior del valor de nuestros vinos, así como reducir la exportación de granel a cambio de más vino de calidad.


Pero en lo que somos líderes mundiales indiscutibles es en superficie plantada de viñedos. Algo que no extraña tanto si echamos un vistazo a este mapa visual de la producción vinícola nacional. ¿Sabías que había tantas zonas vinícolas diferentes en nuestro país?


Porque lo cierto es que casi todo el mundo sabría situar geográficamente los vinos de Rioja, Ribera del Duero o Jerez, pero probablemente muy pocos sabríamos ubicar las zonas productoras de Méntrida, Yecla, Cigales o Plà de Bagés, por mencionar unas cuantas. Es posible que incluso mucha gente no haya oído hablar nunca de alguna de ellas. Un hecho que puede resultar algo triste, pero que no es sino el resultado de muchos años de considerar que en España sólo se hacían vinos de calidad en Rioja y Ribera. O en Rueda, si hablamos de blancos. Porque ni de Jerez nos acordamos, lugar de producción de unos vinos únicos y considerados entre los mejores del mundo…

La realidad es que hoy en día la calidad de los vinos producidos en España no está ligada a unas pocas denominaciones de origen: hoy se hacen buenos vinos en todas partes de España. Y malos también, todo hay que decirlo. Lo peor del caso es que, tal como está hecha la normativa, a menudo el sello de la D.O. no es ninguna garantía de un determinado nivel de calidad, bastando con cumplir algunos criterios más o menos generalistas (como utilizar un determinado tipo de uva) para conseguir la acreditación independientemente de que el vino producido sea una delicia o un brebaje imbebible.

Pese a todo, resulta muy difícil y lento borrar de la conciencia colectiva nacional esa idea de que en España Rioja y Ribera son sinónimos de calidad, y el resto “vino barato” (y, por tanto, malo). No ayuda nada a esta percepción que en buena parte de los establecimientos hoteleros de nuestra tierra aún te pregunten, si pides un vino tinto, “¿Rioja o Ribera?”, como si no hubiera otros. Si pides blanco no hay pregunta: te ponen un Rueda.

Os invitamos a que dejéis de lado los prejuicios: hoy se encuentran vinos maravillosos a lo largo y ancho de toda la geografía española. De hecho, nos aventuraríamos a declarar que la mayor parte de los vinos más modernos y originales se están elaborando en estos momentos fuera de las zonas más tradicionales, a menudo aún demasiado ancladas en el pasado. Por otra parte, ligarse a las denominaciones de origen más famosas en ocasiones sólo lleva a pagar más por toda esa fama asociada (por supuesto, en todo hay excepciones).

Si no conoces aún las maravillas que hoy se elaboran en lugares como El Bierzo, Yecla, Costers del Segre o incluso en los alrededores de Madrid, por ejemplo, te animamos a que explores la sección de vinos de Delicias Ibéricas, utilizando nuestro menú por zonas vinícolas. Hemos realizado una cuidadosa selección de algunos de los vinos más interesantes por su singularidad y su magnífica relación calidad-precio. Una forma excelente de descubrir que hay mucha vida más allá de las denominaciones de origen de siempre…

martes, 2 de febrero de 2016

Confirmado científicamente: la copa importa, y mucho, cuando bebemos vino

En realidad, todos los aficionados al vino lo sabíamos: no sabe igual (ni parecido) el mismo vino tomado en una buena copa o en un vaso. Vale, comparar con un vaso es irse al extremo, me diréis, pero la verdad es que tampoco se aprecian del mismo modo los sutiles aromas del vino en una buena copa de un tamaño adecuado que en otra no tan buena…

Ya hace algún tiempo os hablábamos en este mismo blog de la importancia de la copa en la degustación del vino, y en cómo seleccionar la más adecuada para cada uno: las diferencias entre las copas para blanco o para tinto, los mitos alrededor de las copas para espumosos, etc. Sí, todo esto ya se sabía hace tiempo, de forma puramente empírica: probando, catando y descubriendo con qué copa se disfruta mejor del vino. Luego se buscaba una explicación lógica a ese resultado, pero era la subjetividad de la cata la que decidía qué copa era “la buena”. Si hasta se hacen “catas de copas”, catando el mismo vino en copas diferentes para detectar las diferencias de una a otra…

Pues bien, un reciente estudio científico llevado a cabo en el Instituto de Biomateriales y Bioingeniería de la Universidad Médica y Dental de Tokio, ha corroborado de forma objetiva lo que ya sabíamos gracias a nuestros subjetivos sentidos. Estos científicos desarrollaron una “cámara olfativa”, que detectaba la forma en la que las moléculas de etanol escapan de diferentes vasos y copas. La información obtenida, y presentada de forma gráfica, demuestra claramente cómo el etanol se concentra en forma de aro en el borde de la copa, de forma más marcada en las copas más apropiadas para la degustación del vino: las que se cierran en su abertura. Esto permite que, al ir a beber, la nariz se introduzca por la zona donde menos concentración de alcohol hay. Esto permite que se aprecien así mejor los aromas del vino, sin interferencia del propio olor del alcohol.


No es ésta, por supuesto, la única razón que hace unas copas mejores que otras. Ya hablábamos en ese otro artículo de la importancia del tamaño, por ejemplo, y extensos estudios realizados por fabricantes de copa como Riedel han llegado a determinar incluso qué copas son mejores para cada variedad de uva. No, quizás estos japoneses no han llegado a hilar tan fino: al fin y al cabo son científicos, no enólogos. Pero han demostrado de forma gráfica y fehaciente lo que ya sabíamos: que la copa sí importa. Y mucho.

miércoles, 27 de enero de 2016

3 vinos españoles encabezan la lista de los mejores del mundo por relación calidad-precio

Los vinos españoles están de enhorabuena una vez más. Con el cierre del año, “The Wine Advocate”, la publicación del crítico de vinos más famoso del mundo, el denominado “gurú de los vinos” Robert Parker, ha publicado su lista (o mejor sería decir “sus listas”, ya que las hay en diversas categorías) con “lo mejor de 2015”.

Pues bien, la lista a menudo más valorada por los aficionados, la dedicada a los vinos con mejor relación calidad-precio, está copada en sus primeros puestos por vinos españoles: los tres mejores entre los seleccionados son vinos producidos en nuestro país. Aunque los vinos españoles siempre han estado bien representados en esta lista de “best value” de Robert Parker, es la primera vez en la historia que los tres primeros puestos de la lista están ocupados por nuestros vinos.


El primero de ellos, el ganador absoluto para Parker, es Pruno, el vino de Finca Villacreces (Ribera del Duero) que es ya un habitual de esta lista y que ya ocupó este mismo primer puesto mundial en el año 2010, cuando el crítico norteamericano lo calificó como “un pequeño Vega Sicilia”. Sin duda, Robert Parker se sorprende año tras año de que tanta calidad pueda comprarse por menos de 10€, como ya declaró en su momento: “Normalmente, uno estaría dispuesto a pagar de 75 a 150 dólares por un vino como éste, pero esta joya puede ser tuya por 20 dólares o menos. Además, podrás guardarlo durante una década”. Un vino de Tempranillo y Cabernet Sauvignon con 1 año de crianza en barricas de roble que en realidad puedes comprar por mucho menos de 20$ en nuestra tienda: por sólo 9,55€.

En la segunda posición y con 94 puntos Parker tenemos Solanera 2013, de Bodegas Castaño, un tinto de Yecla en cuya elaboración predomina la Monastrell, complementada con pequeños porcentajes de Garnacha Tintorera y Cabernet Sauvignon. Un reconocimiento a esta magnífica bodega que también elabora los magníficos Detrás de la Casa o Viña al Lado de la Casa que puedes encontrar en Delicias Ibéricas.

Bodegas Borsao, otro de los clásicos favoritos de Parker en sus listas de mejor relación calidad-precio, ocupa el tercer puesto con su Tres Picos, un vino que ya ha recibido los elogios del norteamericano en anteriores añadas. Monovarietal de Garnacha con 5 meses de crianza en barrica de roble y elaborado en Campo de Borja, Tres Picos ha recibido multitud de elogios a lo largo de los años, como por ejemplo encabezar la lista mundial de mejor vino de Garnacha por relación calidad-precio según Wine-Searcher en 2013.

En fin, todo un reconocimiento para el viñedo español, a través de unos vinos que llevamos tiempo recomendando en Delicias Ibéricas. ¿Los conoces ya…?

Comprar Borsao Tres Picos

jueves, 3 de diciembre de 2015

Ideas para tus menús de estas navidades

Un año más, se acercan las fiestas navideñas, y con ellas, dos de las grandes preocupaciones de estas fechas: qué regalos hago, y qué comidas preparo.

Desde Delicias Ibéricas queremos echarte una mano esta Navidad con estos dos problemillas. Para el tema de los regalos, te sugerimos estos Packs de Regalo, con diferentes ofertas de productos gourmet y de magníficos vinos cuidadosamente empaquetados, con precios variados desde tan sólo 9,90€. Pero hoy vamos a dedicar esta entrada del blog a la segunda pregunta: qué comidas preparo.

Para ayudarte en esta elección y poder preparar platos sencillos y rápidos que al mismo tiempo resulten originales, diferentes, quizás hasta sofisticados, y por supuesto riquísimos, te vamos a dejar aquí unas cuantas sugerencias, agrupadas en secciones según el tipo de plato. ¡Esperamos que te sirvan de ayuda e inspiración!


IDEAS PARA ENTRANTES:

Habitualmente los banquetes navideños se caracterizan por comenzar con un buen número de entrantes o platos “de picoteo” distribuidos por toda la mesa. Lo malo es que muchas veces no sabemos muy bien con qué rellenar esos platos, o nos parece que siempre ponemos lo mismo. Pues bien, aquí van algunas ideas:
  • Aceitunas rellenas de gelée de vermut. Sencillas y a la vez sofisticadas, algo así como “la deconstrucción del vermut”. Tan fáciles de preparar como coger unas aceitunas sin hueso y el tarro de gelée y meter éste en aquellas con un poquito de paciencia. El resultado merece la pena.

  • Queso brie semifundido con mermelada picante de pimientos verdes. Una combinación de sabores y texturas que no se puede describir, sencillamente sublime, hay que probarlo. Podéis prepararlo en pequeños canapés, o en esta otra versión más cómoda para una comida con varios invitados: calentad en el microondas un queso camembert entero, de forma que quede fluido por dentro pero manteniendo su forma por fuera, y cubridlo con una capa de esta deliciosa crema de pimientos con su toque dulce y picante. Luego, los comensales no tienen más que ir tomando trozos del queso con un cuchillo y colocándolo sobre un trozo de pan. ¡Te pedirán más!

  • Fuet de pato. Colocar un plato con jamón o embutidos como parte de los entrantes es un clásico que a todo el mundo gusta (siempre que sean de calidad, por supuesto), pero si incluís este fuet de pato artesano y natural, vuestros invitados quedarán sorprendidos por la novedad y por su exquisito sabor. Un toque moderno, exclusivo y sabroso para algo tan tradicional como los embutidos.




IDEAS PARA PLATOS PRINCIPALES:

Los platos principales de los banquetes navideños suelen moverse entre las carnes y los pescados, ya sean ambos asados o a la plancha (o quizás, en algún caso, guisados). Pues bien, aquí os dejamos unas cuantas sugerencias para darles un toque diferente a estos platos aunque el ingrediente de fondo siga siendo más o menos el mismo:
  • Pescado asado o a la plancha con chutney de higos y mango. Sin más que poner como guarnición en vuestros platos de pescado un poco de este exquisito chutney, el resultado será un plato radicalmente distinto. La suavidad y aroma de esta delicada salsa de frutas combina extraordinariamente bien con los pescados, aportándoles un toque de sabor exquisito y diferente. Tus invitados quedarán sorprendidos y tu esfuerzo habrá sido nulo… ¡pero no se lo digas! :-) ¿Cómo, que todavía no sabes lo que son los chutneys? En ese caso, te recomendamos esta antigua entrada de nuestro blog.

  • Solomillo con paté de boletus. Aunque en este ejemplo lo habíamos preparado con solomillo de cerdo, para una comida navideña os lo recomendamos con un buen solomillo de ternera o de buey, que luego cubriréis con una capa de este delicioso paté de boletus. O también podéis colocar un montoncito de paté en cada plato, junto al solomillo, para que cada comensal se lo administre a su gusto. Es una idea perfectamente válida también para acompañar ciertos asados, como un redondo de ternera. El sabor de los boletus combina maravillosamente con las carnes, y en el caso de los cortes más secos le aportará también el toque de jugosidad que necesitan.

  • Carne asada con chutney de tomate, manzana y pasas. Una guarnición muy vistosa, colorida y original cuyo sabor combina muy bien con las carnes asadas. Excelente para acompañar cualquier asado del tipo rosbif. Un toque diferente y vistoso para vuestros asados más tradicionales.

  • Guisos y asados de carne con castañas en almíbar. Sí, lo de las castañas en almíbar suena casi a postre, pero añadidas a un guiso o asado de carne, le van estupendamente, sirviendo tanto como guarnición como de ingrediente adicional que aporta sabor a las carnes. Si la carne es de caza, la combinación ya es insuperable. Podéis completar la guarnición de castañas con unas ciruelas pasas y algo de cebolla. En este blog tenéis un buen ejemplo de receta de carne asada con castañas.

  • Asados con higos agridulces a la naranja. Se trata de una combinación ideal para aquellos asados de carne que incluyan naranja o cítricos en su preparación. Por ejemplo, pato a la naranja, pollo al limón, cerdo asado con zumo de naranja… Cualquier receta de asados que incluya naranja o limón en su preparación (algo bastante habitual en asados) combinará estupendamente con esta original guarnición de higos agridulces a la naranja. Que, además, están deliciosos…

  • Acompañar las carnes a la plancha o asadas con patatas panaderas o a lo pobre está muy bien, pero si ya te parece algo repetitivo, te sugerimos que utilices pasta como acompañamiento. Nos referimos simplemente a cocer algo de pasta (espaguetis, tallarines o cintas son los más adecuados) y colocar un montoncito como guarnición de la carne, igual que lo haríamos con las patatas. Al contrario de lo que estamos habituados en España, donde solemos añadir montones de ingredientes a los platos de pasta, en estos usos como guarnición es conveniente que la pasta sea la protagonista, con muy pocos añadidos. Podemos aromatizarla con un aceite al ajo, con unas cuantas hierbas aromáticas, o con un poco de salsa de queso; pero si queréis sorprender de verdad con un sabor exquisito, diferente y que combinará estupendamente tanto con la pasta como con la carne, probad a añadirle a la pasta un poco de este magnífico chutney de tomate a la hierbabuena. Sin palabras…



IDEAS PARA POSTRES:

Y llegamos a los postres. Para este tipo de banquetes navideños conviene pensar en algún postre que podamos haber preparado con bastante antelación, para un buen número de comensales, sin que nos dé demasiado trabajo. Y, a ser posible, que sea algo más original que abrir unas latas de melocotón y piña en almíbar… Esperamos que estas sugerencias os puedan ayudar:
  • Crêpes rellenas de crema de bombón de higo. Suena espectacular, ¿verdad? Pues su sabor es aún mejor. Y, encima, parece un postre elegante y elaborado, pero en realidad es sencillísimo y rapidísimo de preparar. Podéis usar la receta que dábamos en esta entrada del blog para preparar las crêpes con antelación y simplemente pasarlas brevemente por el microondas antes de rellenarlas con la crema de bombón de higo y servirlas. Pero también podéis emplear crêpes congeladas (¡dan el pego muy bien!), que simplemente tendréis que calentar en el microondas y rellenar con la crema después. El resultado es una verdadera exquisitez.

  • Helado de manzana asada al ron con higos en almíbar. Aunque en España relegamos los helados casi exclusivamente a la temporada de verano, terminar una comilona navideña con un buen helado es algo que se agradece, pues parece que ayuda a “desempachar” un poco. El helado que os proponíamos aquí sale sencillamente exquisito, pero si no queréis complicaros la vida preparando un helado casero (aunque lo bueno es que podéis hacerlo con días de antelación), siempre podéis comprar un buen helado ya preparado y acompañarlo con estos exquisitos higos en almíbar, que le darán un toque personal y sofisticado a un postre sencillo pero rico a la vez.

  • ¿Y por qué no terminar con un buen bizcocho casero? Es algo que podéis preparar con días de antelación y con un buen tamaño, de forma que sin más que darle unos cuantos cortes en el último momento podéis satisfacer a un buen número de invitados fácilmente. ¿Cómo, que suena demasiado simplón? No, si lo acompañáis con el toque sofisticado y exquisito de unos higos agridulces a la naranja, aunque unas castañas en almíbar también le irían bien. Si además usáis esta receta de bizcocho de manzanas asadas al ron, no sólo nadie podrá acusaros de simpleza, sino que dejaréis a vuestros invitados asombrados de hasta qué nivel puede elevarse un simple bizcocho. O no tan simple…


Esperamos que estas sugerencias os sirvan de inspiración para vuestras próximas comidas y cenas navideñas. Porque éste es un momento ideal para salirse un poco de lo habitual…

¡Ah, y no os olvidéis de acompañar con buenos vinos y buen cava!

jueves, 26 de noviembre de 2015

27N: BLACK FRIDAY EN DELICIAS IBÉRICAS

DESCUENTOS EN TODO NUESTRO CATÁLOGO

Desde las 24:00 horas del jueves 26 hasta las 24:00 del viernes 27, todas tus compras en Delicias Ibéricas tienen descuento.

No tienes más que añadir los productos elegidos a tu carrito, y aplicar después los códigos de descuento que se te activarán durante la fase de pago.

¡Estos códigos te servirán solamente durante las 24 horas del viernes 27!

¡Aprovecha para reponer tu despensa y tu bodega de cara a estas navidades!


Algunas sugerencias para aprovechar nuestro Black Friday:


Nuestra selección de vinos:

Elige entre nuestra amplia selección de vinos nacionales e internacionales.

En Selección DI te presentamos nuestra selección personal de vinos elegidos en base a su excepcional relación calidad-precio. Venta por botellas.
En Vinos por cajas encontrarás una colección de magníficos vinos en cajas de 3 ó 6 botellas con un importante descuento.
Y en Los combinables hallarás una amplia selección de vinos nacionales e internacionales de gran calidad, los cuales podrás combinar a tu antojo hasta llenar una caja de 12 botellas con un precio excepcional.


Embutidos artesanos de calidad:

Dale un capricho a tu paladar estas navidades: fuet de pato, secallona, xolís de ciervo... Cualquiera de nuestros exclusivos embutidos elaborados de forma artesana y natural en los Pirineos, te deslumbrará por su calidad y sabor.

Ideales como sofisticados entrantes en tus banquetes navideños, o simplemente para darte un capricho en cualquier cena informal acompañados de un buen vino.

 
Patés, cremas, mermeladas, frutas en almíbar, gelées...

Los mejores acompañamientos para tus comidas y cenas especiales.

Exquisitos patés de boletus y berenjena como entrantes o acompañamiento de tus platos.
Deliciosas mermeladas artesanas para tus desayunos o como sofisticado acompañamiento de quesos, patés y carnes.
Exóticos chutneys que darán un punto de singularidad y sabor a vuestros platos y sandwiches.
Cremas dulces y deliciosas frutas ecológicas en almíbar para unos postres diferentes y llenos de sabor...
Sofisticados gelées...


Y, si quieres ideas para utilizar nuestros productos, recuerda que muchas puedes encontrarlas aquí, en nuestro blog.

martes, 24 de noviembre de 2015

Cómo sostener la copa de vino

Todavía existe confusión entre buena parte de la población sobre la forma correcta de sujetar una copa de vino (y aquí englobamos, cómo no, al cava o champagne, que también es vino, como bien sabemos). A ello contribuyen ciertos mensajes contradictorios que nos vienen de diferentes fuentes, como puede ser lo que a menudo observamos en las series y películas norteamericanas (donde, por cierto, el vino está cada vez más presente).

Pues bien, pese a lo que veamos en el cine o televisión, y pese a lo que quizás hayamos oído decir a nuestros mayores, la copa debe cogerse por el tallo, nunca por el cuenco o cáliz, es decir, la zona destinada a contener el vino. Sí, ya sabemos que los norteamericanos no lo hacen así, y hasta puede que hayamos oído que cogerla por el tallo “es de paletos” o “de finolis”, algo así como estirar el meñique al coger la taza de café… Pero no: el tallo es el sitio correcto para coger la copa de vino, y tiene un porqué (o varios).
La copa se coge así, por el tallo

Razones para coger la copa por el tallo

Existen dos razones principales para coger la copa por el tallo en lugar de por el cuenco, aunque no son las únicas.

La primera, es mantener la temperatura del vino: cogiendo la copa por el tallo, evitamos transmitir el calor de nuestras manos al líquido de su interior. Esto es especialmente importante en el caso de los vinos blancos o rosados (incluidos los cavas, que caen en estas categorías), ya que suelen consumirse a menor temperatura y son, por tanto, más propensos a calentarse con el calor de nuestro cuerpo; pero también el vino tinto se ve afectado si cogemos la copa por donde no debemos. Recordemos que, pese a lo que a menudo se oye por ahí, el vino tinto no debe tomarse “a temperatura ambiente” salvo que estemos en el exterior a la sombra en primavera u otoño, que es en las pocas ocasiones en las que dicha temperatura ambiente coincidirá con la temperatura de consumo adecuada para el vino. El contraste entre esa temperatura idónea para el tinto situada habitualmente entre los 16-20ºC y los 36ºC de nuestro cuerpo es lo suficientemente grande como para entender que también el vino tinto se calentará más de lo recomendable si cogemos la copa por la parte destinada a contener el líquido.

La razón anterior ya es por sí sola lo suficientemente importante como para coger la copa por el tallo sin necesidad de más argumentos, ya que va a afectar directamente a nuestro disfrute del vino, pero no es la única. El segundo argumento que podemos destacar podemos situarlo más bien en el terreno de la estética… pero no por ello debemos considerarlo menor, ya que, como sabemos, de la comida (y la bebida) se disfruta a veces casi tanto con los ojos como con el paladar.

Y es que si cogemos la copa por el cáliz, inevitablemente vamos a ir llenándola de huellas de nuestros dedos, apagando poco a poco la bonita transparencia del cristal, y afeando su aspecto. Ya, ya sabemos que no coméis con las manos ni empujáis la comida con los dedos, pero por muy limpias que las tengáis, el continuo manoseo de la copa terminará por llenarla de huellas. Cogerla por el tallo, además de mantener la temperatura del vino por más tiempo, evitará este feo efecto. Por cierto, aprovechamos para recordar que, si estamos comiendo, es también conveniente limpiarse los labios con la servilleta antes de dar un sorbo al vino, si no queremos que el borde de la copa termine lleno de feas marcas de grasa…

Las dos anteriores consideramos que son las razones más poderosas para sujetar adecuadamente la copa de vino, pero no son las únicas. Si necesitáis alguna más, aquí van unas cuantas, que, si bien puede que sean secundarias, también suman: por ejemplo, sujetando la copa por el tallo, vuestros brindis tendrán un bonito sonido; además, esta forma de coger la copa facilita la agitación del líquido en movimientos circulares, para facilitar la liberación de los aromas secundarios del vino y disfrutar así mejor de la degustación.

¿Necesitáis más motivos? Bueno, pues quizás el último sea éste: que esa es la forma correcta de coger la copa, la que establecen el protocolo y las buenas maneras. Aunque los norteamericanos aún no lo sepan…

Coger la copa por el pie

Puede que aún os quede alguna duda si en alguna ocasión observáis cómo coge la copa un catador profesional, porque en este caso suelen hacerlo directamente por el pie, por la base de la copa. Se trata de un caso especial, una forma “profesional” de tomar la copa para facilitar la contemplación del vino, su agitación, etc. Por otro lado, no es una forma cómoda de coger la copa si estáis sentados a la mesa, ya que cogerla así desde donde está apoyada, o para dejarla, es prácticamente imposible. No es un modo apto, pues, para tomar la copa a ratos y tomar unos sorbos, sino que está más destinado a mantenerla en la mano durante bastante tiempo.

Se trata, por tanto, de una forma válida de coger la copa de vino siempre que estemos en el contexto apropiado: podéis hacerlo si os resulta cómodo y estáis participando en una cata, o de pie en un cóctel, o tomando unas copas en la barra. Pero cuidado, ya que cogida de esta forma, la copa es más inestable, y ante cualquier empujón o codazo accidental es más fácil que su contenido acabe derramado sobre vuestra camisa o la del vecino. Recomendamos, por tanto, reservar esta forma de coger la copa a los verdaderos expertos.

¿Y cogerla con tres dedos?

Hay otra forma de coger la copa que está relativamente extendida, y es hacerlo con dos o tres dedos apoyados en la base del cáliz, y el resto en el tallo. Podríamos decir que es una situación intermedia entre coger la copa directamente por el cuenco o hacerlo íntegramente por el tallo. ¿Es válida esta forma de tomar la copa?

Bien, lo cierto es que no podemos negar que, si se hace con estilo, ésta puede ser una forma bastante elegante de sujetar la copa, y podemos considerarla aceptable desde un punto de vista de etiqueta en la mesa. Sin embargo, no es lo ideal si queremos evitar al máximo lo que planteábamos al principio, es decir, calentar el vino o dejar huellas en la copa.

Por lo tanto, si queréis disfrutar de vuestra bebida favorita en las mejores condiciones, insistimos: tomad la copa por el tallo.


Una imagen vale más que mil palabras:

A la izquierda, bien. A la derecha... bueno, es mejor que agarrarla como un vaso, pero no es lo correcto:
Correcto... y no tanto

Alemania 1, EE.UU. 0:
Obama, tienes que leer nuestro blog...

No todos los norteamericanos cogen mal la copa, aunque lo parezca viéndolos en el cine o la televisión. Robert Parker es norteamericano, pero sabe de vinos:
Tú sí que sabes...

Estos también saben. O les han dirigido bien. Por algo la peli iba de afición al vino y se llamaba “Entre copas”:
A vuestra salud

Frank, Claire: vais a calentar el vino… ¡Y cambiad de copas ya, que con esas no hay quien lo disfrute!
¿Con lo que ganáis y con copas del siglo pasado?

Mal, y peor:
Rajesh mal, pero lo de Penny es de traca...

“Mira, se coge así”. ¡Muy bien, Alicia! 
"Aprende, se coge así"

¡Penny! ¡Penny! ¡Penny! (Bernadette, ¿tú también…?)
No la mires así, que tú tampoco lo haces bien, Bernadette...

¡Carrie, el vino se bebe a sorbos, no se engulle! Casi que tu forma de coger la copa ya es lo de menos…
Con esos tragos, no da tiempo a que se caliente...

Claro que siempre puede ser peor…

jueves, 12 de noviembre de 2015

Vino Joven, Crianza, Reserva y Gran Reserva: ¿sinónimos de calidad?

Parece el conocimiento más básico en materia de vinos, diferenciar entre un vino joven, un crianza, un reserva y un gran reserva. Y, sin embargo, parece que no es tan sencillo, según demuestran los hechos:

En una encuesta reciente entre aficionados al vino, un 70% de las respuestas fueron erróneas cuando se preguntó por los meses de envejecimiento en barrica necesarios para considerar a un vino como crianza. Por otro lado, existe todavía la creencia generalizada de que, en el vino, más tiempo en barrica es sinónimo de más calidad. Y esto no tiene por qué ser así.

En este artículo intentaremos añadir un poco más de luz sobre todos estos conceptos.


Joven, Crianza, Reserva y Gran Reserva.

Debemos empezar diciendo que sólo en España existen estas denominaciones, reguladas por ley, en base al grado de envejecimiento de un vino. No busquéis tipologías equivalentes en vinos italianos, franceses, norteamericanos o chilenos, por mencionar unos cuantos, porque no existen. Y, vista la confusión que a veces generan estas clasificaciones, uno se pregunta a veces si no sería mejor así, y que simplemente prestásemos atención a la verdadera calidad del vino y no a una supuesta “categoría” que no tiene por qué ir ligada a dicha calidad. Pero más tarde volveremos sobre este tema, veamos ahora qué es lo que determina la normativa española en materia de crianza de vinos:

Esta clasificación está regulada por la “Ley de la Viña y el Vino”, que marca unos mínimos de crianza en barrica y en botella para cada categoría. A partir de aquí, las distintas denominaciones de origen pueden establecer sus propios criterios siempre que sean “a más”, es decir, más tiempo en barrica y/o en botella de lo que establece esta ley básica del sector.

Los tiempos fijados por esta ley difieren según el tipo de vino, siendo mayores para los tintos que para los blancos y rosados. Son los siguientes:

  • Tinto Joven: Se trata de un vino que no ha tenido crianza en barrica o bien ésta ha sido de duración inferior a la que le otorgaría la categoría de “Crianza”.
  • Tinto Crianza: Es un vino que ha tenido un proceso de envejecimiento total de al menos 2 años en bodega, de los cuales como mínimo 6 meses han sido en barrica. El vino sale a la venta en su tercer año.
  • Tinto Reserva: En este caso, el vino ha debido permanecer un mínimo de 3 años en bodega, de los cuales al menos 1 año ha debido pasarlo en barrica. Su comercialización se produce en el cuarto año.
  • Tinto Gran Reserva: La estancia en bodega se alarga en este caso hasta 5 años, de los cuales al menos 18 meses han sido en barrica. El vino se comercializa en su sexto año.

En el caso de los blancos y rosados, la clasificación es la siguiente:

  • Blanco o Rosado Joven: Igual que ocurría con los tintos, se trata de vinos que no han pasado por barrica, o lo han hecho por un tiempo inferior al que les otorgaría la categoría de Crianza
  • Blanco o Rosado Crianza: Es un vino que ha tenido un proceso de envejecimiento total de al menos 18 meses en bodega, de los cuales como mínimo 6 meses han sido en barrica. El vino sale a la venta en su segundo año.
  • Blanco o Rosado Reserva: En este caso, el vino ha debido permanecer un mínimo de 2 años en bodega, de los cuales al menos 6 meses han debido ser en barrica. Su comercialización se produce en el tercer año.
  • Blanco o Rosado Gran Reserva: En este caso, la estancia en bodega se alarga hasta un mínimo de 4 años, aunque se mantiene el mínimo de 6 meses en barrica. Se comercializan en su cuarto año.

Confusiones y limitaciones de esta clasificación
 
Si bien esta clasificación se estableció con el objetivo de orientar al consumidor estableciendo categorías teóricamente ligadas a parámetros de calidad del vino, en la práctica se presta a confusión por múltiples razones.

La primera es que ni siquiera estas tipologías han resultado ser homogéneas a lo largo y ancho de la geografía vinícola nacional (recordemos que fuera de España ni siquiera existen), ya que algunas D.O., como Ribera y Rioja, han decidido modificarlas. Así, en aquellas regiones, un vino tinto crianza debe haber permanecido un mínimo de 12 meses en barrica, y no 6 como establece la ley marco del sector, si bien el tiempo total de estancia en bodega (2 años) se mantiene invariable.

Por otro lado, estas regulaciones están demandando siempre un tiempo mínimo de crianza en barrica de madera, lo que deja de lado otros tipos de crianzas como puedan ser la crianza en depósito sobre lías, o la crianza en depósitos de hormigón. Es decir, se dejan de lado unos tipos de elaboración que dan lugar a vinos con características diferenciadas a la que ofrece la crianza en madera, pero no necesariamente inferiores en calidad. De hecho, existe una tendencia creciente por parte de los elaboradores a reducir los aportes de madera al vino para realzar otras características como pueda ser su frutalidad, por ejemplo; estos tipos de crianza alternativa otorgan al vino características propias del envejecimiento pero sin añadir aromas “externos”, lo que puede ser de interés en vinos “de autor”.

Otra limitación de esta clasificación es la de obligar a un tiempo mínimo de estancia en bodega, previo a la comercialización. Si bien esto garantiza un envejecimiento mínimo de los vinos que llegan al consumidor, no refleja el posible envejecimiento que haya tenido el vino fuera de la bodega, aunque haya sido en un entorno climático perfectamente controlado. Lo que queremos decir es que un vino joven con 6 meses de crianza en barrica que se pusiera a la venta en su primer año y que permaneciera en una tienda (en buenas condiciones de conservación, por supuesto) durante un año, sería equivalente al cabo de ese tiempo a un vino de crianza, que habría estado obligado a estar ese tiempo en el almacén de la bodega; sin embargo, el primero no gozaría de esa clasificación.

Podríamos pensar que al menos esta clasificación puede ayudar a elegir a los consumidores más tradicionales, amantes de un intenso aroma a madera en el vino (algo que tiende a desaparecer en los vinos modernos), pero ni siquiera es así. Porque un mayor tiempo en barrica no tiene por qué ir directamente ligado a estos aromas de madera: depende mucho también del tipo de barrica y del proceso. No es lo mismo una barrica de castaño que una de roble, ni tampoco son iguales el roble francés y el americano. Por no hablar de las diferencias entre usar barricas nuevas o de segundo vino, o elegir unas barricas de alta calidad, con una porosidad perfectamente controlada, o bien unas barricas del mismo material pero más baratas, en los que el grado de porosidad a veces es un misterio (y con ello, el resultado final…). También depende del grado de tostado de la madera, etc, etc, etc. Además, si sólo se busca añadir sabor y aromas de madera, ni siquiera es necesario pasar por la crianza en barrica: puede conseguirse de forma fácil y económica sin más que añadir “chips” (trocitos) de madera al depósito de vino; un proceso que prescinde de muchos de los efectos del paso por barrica (microoxigenación, etc) pero que puede satisfacer a los que sólo buscan un toque a madera en su vino.

Envejecimiento y calidad

Toquemos ahora el gran mito: envejecimiento del vino y calidad.

Da igual que muchos ya sepamos que hay grandes vinos jóvenes igual que hay reservas imbebibles, la relación entre estas categorías y la supuesta calidad del vino es algo que los españoles ya casi llevamos en nuestros genes, y que costará mucho cambiar. Es ver una etiqueta donde diga “Reserva” y ya solemos estar predispuestos a encontrar un buen vino (no digamos ya si lo que dice es “Gran Reserva”…), igual que nuestra predisposición ante un vino joven suele ser todo lo contrario, además de etiquetarlo automáticamente como “vino barato”. Por esta misma razón, encontrarnos con un vino joven con precio “de vino de calidad”, a menudo invita a pensar que están intentando timarnos… Lamentablemente, va a costar cambiar esta percepción, aunque poco a poco se va consiguiendo.

¿La crianza va ligada a la calidad? No necesariamente. Como hemos visto, los requisitos para etiquetar como crianza o reserva son un tiempo determinado en barrica y en botella. Ni se hace mención a la calidad del vino, ni a la de la barrica, entre otros. Un vino pésimo metido en una barrica barata y mala durante el tiempo requerido, podrá tener la etiqueta de crianza o reserva aunque sea una basura. Puede pensarse que esto es llevarlo a un extremo, pero no tanto: basta con pasarse por el supermercado y probar algunos para ver que hay muchos vinos realmente malos con la etiqueta de Reserva.

¿Y si el vino es bueno, y la barrica es buena, y se cuida el proceso? Bien, en ese caso es cierto que el proceso de crianza suele aportar complejidad, y calidad, al vino. Pero se requiere todo eso: buena materia prima, cuidadosa elaboración, y buenas barricas. Y aún así, más crianza no tiene por qué ser necesariamente “mejor”. A menudo es sólo “distinto”.

Porque al mismo tiempo que la crianza aporta algunas cosas, también resta otras. Por ejemplo, suele restar frescura. O, simplemente, puede enmascarar algunas buenas características, aunque sea para sustituirlas por otras. Por eso, si bien un buen reserva puede ser muy buen vino, no tiene por qué ser peor un buen crianza. A menudo, simplemente son distintos. Eso por no hablar de los cada vez mejores vinos jóvenes que llegan al mercado, algunos realmente excelentes aunque no lleguen ni a la categoría de “Crianza”. Lo mejor del vino es disfrutar su variedad, y los diferentes tipos de elaboración, los diferentes tipos y tiempos de crianza, el uso o no de barrica o el tipo de ésta, aparte, por supuesto, del tipo de uva, aportan justamente eso: variedad.

Por último, no olvidemos que la vida del vino tiene un ciclo, y ni el mejor vino mejora eternamente con el paso del tiempo: todo vino tiene un periodo de madurez en el que alcanza su esplendor, para luego decaer. El momento en que se produce dicha madurez depende de muchos factores (calidad del vino, tipo de elaboración, tiempo de crianza…) pero hay uno fundamental: una buena conservación, en condiciones óptimas de temperatura, humedad, iluminación… Si no es en esas condiciones, pocos vinos mejoran realmente con el paso del tiempo, suele suceder precisamente lo contrario…

Conclusión:

Es bueno conocer qué significan realmente los términos de vino joven, crianza, reserva o gran reserva, pero no debemos obsesionarnos con ello. Se trata de terminología que nos aporta algo de información sobre el proceso de elaboración del vino, pero que no tiene por qué ir directamente ligada a su calidad. Existen magníficos vinos en todas estas categorías, igual que en todas ellas hay vinos malos. Y, de hecho, hay muchos elaboradores en nuestro país que directamente omiten esta terminología en sus botellas, al considerar que no aporta ninguna información realmente valiosa.

De hecho, cada vez más estas categorías están quedando limitadas en la práctica a las D.O. de Rioja y Ribera del Duero, quizás más apegadas a la tradición, mientras que en las nuevas marcas de calidad que van apareciendo a lo largo y ancho de nuestra geografía estas designaciones ya no aparecen en la botella. Quién sabe, quizás con el tiempo tendamos a parecernos más a otros mercados vinícolas en los que el consumidor valora el vino por su calidad, considerando que el proceso para lograrla es cosa del elaborador y que al consumidor medio le importa poco. El tiempo lo dirá.